No tengo nada claro como comenzar este escrito, solo sé que estoy muy encabronado.
La fundada sospecha de que casi 40 años después, la derecha heredera del régimen franquista sigue controlando los poderes del Estado, ha dejado de ser una sospecha y se ha convertido en un hecho constatado. La sentencia del Tribunal Supremo que hoy condena al juez Baltasar Garzón a 11 años de inhabilitación por las escuchas del caso Gürtel (apartándolo de la carrera judicial), es un golpe bajo a la honradez y la justicia.
Una vez más somos el hazmerreír de las democracias occidentales, tenemos un sistema judicial de puta pena, controlado políticamente por partidos en los que la corrupción es el pan nuestro de cada día. Y aun así todavía quedan imbéciles que se atreven a llamar perro flautas a los Indignados del 15M.
Somos lo que somos… una Monarquía Bananera.


Vivimos bajo un sistema jurídico, dónde domina la impunidad. Un estado en el que la ley y la justicia se burlan continuamente, sin que pase algo que lo impida.
ResponderSuprimirAquellos que han elaborado las leyes, también se procuraron probablemente la vía para escabullirla.
Los magistrados, pueden crear jurisprudencia, la cual está por encima del resto de legislación.
Lo dicho a los más escrúpulos no les agrada, pero a veces para hacer justicia, se ha de saber interpretarla. Depende de intereses ajenos, en combinación con la ausencia de dicha interpretación y al optar por una aplicación estricta, que nos encontramos que ha posteriori se origina en infinidad de ocasiones, una indefensión y una situación de fragante injusticia. .La ley debería ser aplicada por criterio equitativo, racional. No como si su aplicación fuera llevada a cabo por máquinas jurídicas, sin referencias, ni vínculos humanos y sociales.
Pero sin duda que esta supuesta asepsia, es la implícita trampa. No importa la razón que llevo a personas infringir la ley, si estas lo hicieron, para reparar o minimizar un agravio cuantiosamente mayor y generalizado, o simplemente inconcebible, que incremente y alimente una injusticia mayor, sea colectiva o particular y que perjudique en un grado considerable al producido y derivado del seguimiento sin más de los preceptos jurídicos y sus protocolos.. Pues visto así la justicia es un cuchillo de doble filo, cuando se quiere se aplica sin interpretaciones y cuando conviene pues se decora y suaviza, para saltarse esa escrupulosa aplicación. Esto no es nuevo, continuamente vemos como los estafadores de la banca, los políticos corruptos y de pacotilla, se ríen, a carcajada abierta y sin mayores inconvenientes, de aquellas personas a las que se les aplica la ley al peso del plomo, sin atenuantes, ni las debidas interpretaciones, y no me refiero al juez Garzón, sino a la inmensidad ciudadana, que no cuenta con abogados instruidos, o que tienen que recurrir a los abogados de oficio, que no pueden dedicar el s tiempo necesario, para ofrecerles una justa defensa, con la máxima equidad y dignidad posible.